Desmontando Mitos sobre las dietas estrictas

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Escrito por Administrador

febrero 20, 2020

Cuando se piensa en perder peso, es común resignarse a restringir alimentos concretos como es el caso de las hamburguesas, pizzas o donuts, pero ¿hasta qué punto es este un abordaje efectivo para la pérdida de peso?

Lo cierto es que el organismo responde a mecanismos homeostáticos, lo que significa que debe guardar siempre un equilibrio. Más concretamente, en el caso de las dietas, esto significa que para que el organismo se mantenga en un peso consistente, la cantidad de calorías ingeridas ha de ser equivalente a la cantidad de calorías quemadas.

A priori la lógica es congruente, por lo que no sería de extrañar pensar que es lo mismo consumir las mismas calorías en donuts que en ensalada, lo cual, de hecho, lleva viralizándose desde hace un tiempo; sin embargo, a nivel metabólico, el organismo no reconoce tanto ese aporte calórico, sino los nutrientes que se han aportado, y es, esta distinción la que, a la hora de la verdad, predice el éxito o fracaso de una dieta.

Entonces, ¿comemos comida chatarra?
A nivel nutricional, la respuesta a esta pregunta es que no, dado que a diferencia de medio aguacate (palta), doce aceitunas, tres huevos, 30 gramos de coco o cinco nueces, un donut aporta 15 gramos de grasas saturadas, mientras que las grasas aportadas por los alimentos citados son mayormente poliinsaturadas, por lo que son menos dañinas para el organismo.

No obstante, a un nivel realista y concienciado con el estilo de vida actual, la respuesta es que, aunque no debe convertirse en rutina, no pasa nada por comer un donut o cualquier otra comida chatarra de forma muy puntual. En este sentido, muchas figuras del fitness afirman estar abiertas a una cheat meal semanal, de modo que, si sienten mucha ansiedad, se permiten ese capricho.

Esto guarda lógica con diversos estudios de campo que han mostrado cómo personas expuestas a dietas de supresión terminaban produciendo mayores cantidades de cortisol, al sentir estrés por el simple hecho de pensar que no podían consumir el alimento prohibido. Como consecuencia a esto, la incidencia de ataques de ansiedad, atracones e incluso, en algunos casos, retención de líquidos, terminaba siendo mayor que en los casos de las personas con dietas balanceadas abiertas a excepciones puntuales muy dispersas en el tiempo.

Comer de todo, pero guardando la línea

A modo de conclusión, hemos visto que es preciso guardar una dieta rica en todos los grupos de nutrientes y que hemos de combinarla con adecuadas dosis de actividad física y deporte para no excederse en peso.

Finalmente, hemos desmontado el mito de las dietas estrictas, viendo cómo tener una pequeña ventana abierta para caprichos puntuales puede ser mejor aliado de lo que se podría creer, ya que:

● Se reduce la ansiedad.
● Al saber que se tiene la posibilidad de acceder a estos alimentos se produce un entrenamiento en identificar cuándo darse el capricho y cuándo realmente no es necesario.
● Sensibiliza con respecto al propio proceso en hábitos de vida saludable, ya que no se convierte en una dieta con fecha de caducidad, sino en un estilo de vida continuado en el tiempo.

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